METRÓPOLI Gastronomía. El Mundo. 09/08/2026

El alto ejecutivo que viaja de Bruselas a la Sierra de Madrid todos los viernes para atender su restaurante, un referente de las brasas en Becerril

NANCY VELASCO
MADRID
Actualizado Domingo, 9 agosto 2026 - 09:41

Entre semana, Juan Ramón Castejón lidera las ventas de una multinacional norteamericana en Bélgica, pero sus fines de semana pertenecen a El Albero, el negocio familiar donde desahoga su amor por la gastronomía en Becerril de la Sierra.

A sus 49 años, la vida de Juan Ramón Castejón es un constante ir y venir entre aeropuertos y fogones. De lunes a viernes, ejerce como vicepresidente de ventas para una multinacional norteamericana, gestionando desde Bélgica equipos de disipación de calor para la industria del frío y agroalimentaria, a nivel de Europa, Oriente Medio y África. Pero cuando llega el viernes por la tarde, toma el vuelo de las 5:40 desde Bruselas para aterrizar en Madrid y dirigirse directamente a Becerril de la Sierra. Allí se despoja del traje ejecutivo y se enfunda la chaquetilla para colocarse frente a las brasas de El Albero, el negocio familiar que sus padres fundaron en 1992 y que él, junto a su hermana Inmaculada y su esposa Laura, han transformado en un referente gastronómico de la sierra madrileña.


Laura, Juan Ramón e Inmaculada Castejón.

Tras una profunda reforma en 2024, en la que invirtieron cerca de 600.000 euros para tirar el local abajo y reconstruirlo, El Albero se ha convertido en un punto de encuentro en la Sierra que sigue manteniendo sus guisos de toda la vida, pero apostando por una diferencia: una cocina tradicional basada en las brasas. "No había en Becerril un restaurante con brasas. Nadie trabajaba la parrilla como base de su cocina. Madrid tiene una propuesta gastronómica brutal, pero en la Sierra, a 50 km de distancia, no la había", asegura este ejecutivo.


El comedor de El Albero.

Otro distintivo que le impregna a su restaurante, y que también le apasiona, es la selección esmerada del producto. "Trabajamos una carta dinámica muy basada en el producto de temporada con la parrilla. Platos nuevos con sugerencias que varían cada semana, pero manteniendo también esa parte tradicional de cuchara de mi madre, esos guisos, esos arroces, esos asados que vienen desde la creación del restaurante en 1992".

En la carta, su propuesta en parrilla comprende una selección de platos que van desde una chuleta de vaca madurada, el lomo de vaca premium, un solomillo black angus o el lomo de atún rojo Makintosh hasta pescados de lonja, como el rodaballo, el rape, la merluza, los lenguados o el besugo, según la disponibilidad. "En lo que se refiere a carnes no hacemos una preparación previa. Se parte el lomo, va al peso y luego a la brasa con sal, hasta llegar al punto que elija el cliente. Lo servimos acompañado de una de las tres guarniciones: patatitas fritas con pimientos del padrón, puerros confitados a la brasa o la ensalada verde de toda la vida", explica Inmaculada Castejón, hermana del ejecutivo que dirige también el restaurante.


Pulpo a la brasa con mojo rojo.

El pescado lo preparan a la brasa igualmente. "Los hacemos poco hechos para que estén bien jugosos, se terminan con una bilbaína y los acompañamos con tirabeques y con tomates cherry", describe Inmaculada.

Entre sus platos más populares están el jarrete de ternera lechal, el pulpo a la brasa, el tartar de atún rojo de Makintosh con aguacate y tomate concassé, platos de cuchara según la temporada y el rabo de toro, la especialidad de la casa desde 1992. Ahora en verano, las vieiras son las más demandadas, marcadas a la brasa y terminadas en cocina con eh kinchi y mayonesa japón y pico de gallo. También trabajan las verduras a la brasa, como los aguacates y los puerros confitados con salsa romesco.

RAÍCES

Su historia no es fruto de la casualidad, sino del arraigo. "Mi padre era empleado de banca y también compaginaba su trabajo con el restaurante, gracias a la ayuda de mi madre", explica Juan Ramón, a la vez que recuerda sus orígenes hosteleros que le vienen de su familia paterna, que llegó a tener un restaurante muy conocido en Mataelpino, llamado La Maliciosa, donde su abuela Lucía cocinaba y hasta llegó a recibir a los futbolistas del Rayo Vallecano cuando el equipo hacía sus concentraciones en esa zona en los años 60.


Fabada asturiana, guiso tradicional preparado por la madre de Juan Ramón.

Sus raíces maternas, en cambio, vienen de la ganadería y la agricultura de Becerril. Fue en esa mezcla de leche fresca, huerta y cocina tradicional donde Juan Ramón aprendió el oficio. Compaginaba desde los 15 años sus estudios en los Agustinos de El Escorial con el trabajo en el restaurante que originariamente era de sus padres y que construyeron desde cero en una casa vieja que les cedió su abuelo.

Aunque se licenció en Ingeniería Industrial y ha desarrollado una exitosa carrera ejecutiva, nunca ha podido (ni querido) desligarse de la hostelería. "Mi tiempo libre lo dedico a esto porque me gusta. Siempre he sido un enamorado de la gastronomía, me encanta la comida, el vino y estar con los clientes, con mis amigos, que vienen, se sientan, piden y se van contentos porque han disfrutado. Quiero que el negocio familiar perdure, cuenta este trabajador incansable, fiel creyente de que el apoyo familiar es fundamental en este tipo de negocios.


Aguacates a la brasa con tartar de salmón ahumado.

DE LA MULTINACIONAL A LA HOSTELERÍA

De los dos trabajos que realiza, ha sabido construir un puente entre ambos mundos, llevándose el aprendizaje sobre la gestión de equipos de una multinacional para aplicarlo en la hostelería, y lo vivido en el servicio de sala del restaurante, ponerlo en práctica en el sector de las ventas. "Las mayores aptitudes comerciales las he adquirido en el restaurante. Allí he aprendido a entender las necesidades de los clientes y saber adaptarme a sus gustos. Mientras que del trabajo ejecutivo, traslado la gestión de los equipos para motivar al personal. Algo que es fundamental en la hostelería, porque es importantísimo tener una plantilla comprometida, leal y motivada que cuide lo que haces con tanto cariño".

El Albero. Calle de Orense, 11. Becerril de la Sierra. 
Tel.: 918 53 72 26. Cerrado los lunes. 
Precio medio: 30-60 euros.